El proceso de selección resultó poco serio y desorganizado desde el primer contacto con el área de RR.HH. hasta la instancia de confirmación de la entrevista. A lo largo de la comunicación, los tiempos de respuesta por parte del reclutador fueron excesivamente extensos, llegando a demoras de hasta 72 horas entre cada intercambio, incluso cuando se trataba de preguntas simples o coordinaciones básicas.
Esta dinámica dificultó el seguimiento del proceso, generó incertidumbre innecesaria y transmitió una falta de planificación y profesionalismo en la gestión de candidatos. Considero que la experiencia del postulante es un aspecto clave de la marca empleadora, y en este caso deja margen de mejora, especialmente en lo que respecta a la agilidad en la comunicación y el respeto por los tiempos de quienes participan del proceso.
Sería recomendable optimizar los canales de contacto y establecer tiempos de respuesta más razonables para brindar una experiencia más alineada con estándares profesionales.